Un candidato a la presidencia anunció que, en caso de ganar las elecciones, procedería a liberar el tipo de cambio en la Argentina. Ante la consulta de que si esto podría disparar el dólar (o hacerlo estallar por las nubes), y con la convicción de que el pueblo debe saber de qué se trata este asunto, apuntaremos lo siguiente:
Si algo está encerrado en un cepo o en un mercado intervenido (bienes, commodities o moneda) es seguro de que se ha creado un mercado negro, paralelo o marginal en el cual el precio se encuentra por encima de lo que hubieses estado si no se hubiera “reprimido” a ese mercado. Lo anterior no es una simple ley de la economía. Es un hecho verificado en la realidad.
Al liberar el cepo (restricción, prohibición, o como se quiera llamarle) el valor terminará fijándose en algún punto intermedio, por debajo del que había en el mercado negro y por encima del que había en el mercado fijado. Por ejemplo: si usted decide poner el precio del pan a $ 2 el kilogramo (en lugar de los $ 10 que hubiese fijado el mercado) el pan desaparecerá de ese mercado. En primer lugar porque los panaderos no van a perder dinero y en segundo, porque el público quiere consumir siete veces más pan a $ 2 que a $ 10. Por lo tanto, aparecería también un mercado negro para el pan en el que se vendería a más de $ 10. Por supuesto que los números del ejemplo son arbitrarios.
Volviendo al mercado del dólar, lo que vaya a ocurrir dependerá de lo que hagan los actores económicos que tienen atesorados miles de millones de dólares adentro y afuera del sistema financiero. Si acaso el público percibe que el pronóstico es a la baja, se va a desatesorar en previsión de una caída aún mayor. Esto sucedió con los que tenían guardados euros: se apresuraron a vender cuando comenzó a bajar y eso aceleró la caída. Además del sector especulativo, existe el comercio exterior, es decir las exportaciones e importaciones de bienes y de servicios. Con un dólar en ascenso, digamos de $ 8 a $ 10, más exportadores querrían y podrían vender y exportar sus productos, como biodiesel, soja, autopartes, aceros, aluminio, aceites de girasol y de soja, oliva, vinos, entre otros.
Mientras las tasas de interés para la Argentina se mantienen altas, con un dólar en baja aparecería una discrepancia entre retornos en moneda nacional y moneda extranjera. Por ejemplo, Usted podría estar ganando en dólares mucho más de lo que estuviera ganando en pesos, por lo tanto sería conveniente vender los dólares que tenía guardados en la caja de seguridad, cambiarlos por pesos, colocar al 12% anual (en pesos) y obtener el 20% comprando de nuevo los dólares, si es que la divisa hubiese continuado en caída. Pero ante este movimiento, la venta de sus dólares aceleraría la caída.
Otra historia muy diferente sería aquella en la que el público esperara una estampida de precios y de salarios y, en vez de desprenderse de dólares, se aferrara a ellos. En ese caso, el Banco Central perdería reservas hasta que toda la demanda en un mercado ya liberado fuera satisfecha por las ventas. Sin embargo, luego del final de un ciclo de grandes frustraciones para la República, de cleptocracia y de falsificaciones, de mentiras oficiales (como la falsificación de índices) de prensa amordazada por “aprietes”, es probable que el público recupere la confianza y le otorgue al nuevo gobierno un crédito por noventa días. Aún así, no olvidemos la famosa frase del economista Jhon Keynes: “del futuro no sabemos nada, excepto que todos estaremos muertos”.